Las ventas de Gatorade venían cayendo un 10% anual frente el éxito de Powerade que crecía un 13%. PepsiCo no podía permitir perder otra batalla frente a Coca-Cola. Era evidente que no se podía entrar en una guerra de precios que destruiría valor y hundiría el segmento de bebidas energéticas.

El reto era innovar. Se tenían dos alternativas crear un nuevo producto disruptor o, por otra parte, realizar variaciones al producto original con nuevos formatos o presentaciones. Sin embargo. PepsiCo optó por una “tercera vía”, que con el tiempo le ha permitido recuperar terreno y afianzarse como el líder del sector.

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